Geometría del Agua y de la Luz
Ocho vistas de la marisma salinera de Aveiro

«La salina no se mira de una vez: se mira ocho veces, y a cada hora el agua ha cambiado de color.»
Una salina artesanal es, antes que nada, un dibujo sobre el agua: tajos rectangulares separados por muros de barro, tablones que se cruzan, senderos de sal que se levantan a medida que baja el nivel. El paisaje cambia con la hora y con la estación. Al amanecer los espejos devuelven el cielo entero y el trabajo se hace en silencio, con rodillo de madera y botas de agua. A mediodía la salmuera vira al rosa por los microorganismos halófilos que la habitan, y la costra se puede levantar entera con dos dedos. Al atardecer el agua se vuelve metal y, al fondo, la ciudad recuerda que esto no es un paraje remoto sino una marisma trabajada a las puertas de Aveiro. Entre tajo y tajo crece la salicornia, que soporta lo que casi ninguna planta soporta y que es la primera señal de que el humedal sigue vivo.